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17 de abril de 2014

La falsedad del “pleno empleo” de la Universidad de Chile

     El pasado jueves 26 de enero, el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile dio a conocer los resultados de la encuesta de desempleo para el Gran Santiago para el mes de diciembre del 2011[1]. Este estudio se realiza desde hace 54 años, y permite hacer una comparación histórica de los niveles de desempleo en la Capital del país. Los principales resultados revelan una tasa de desempleo de 6,2% para Santiago en diciembre de 2011; es decir, una mejora de 1,1% con respecto a septiembre del año pasado, y de 1,7% con respecto a diciembre del 2010. La más probable causa argumentada por los expertos economistas, es un buen ritmo de crecimiento económico, sobre todo en sectores como la construcción y la industria manufacturera.
     Más allá del análisis de la precariedad de los puestos de trabajos creados[2], en esta columna nos referiremos a la llamativa presencia de un concepto económico mencionado durante la rueda de prensa, que no encontramos en el informe citado, y que fue utilizado para un flamante titular de La Tercera al día siguiente. Nos referimos al llamado “pleno empleo” y la afirmación de que, por lo menos en el Gran Santiago, nos encontraríamos en esta situación.
     El “pleno empleo” ha sido definido históricamente, desde los primarios estudios de Keynes sobre la desocupación, como la situación en que todos(as) los(as) que deseen obtener un empleo, lo pueden hacer. Es deducible, pues, que en este escenario no existe la cesantía. Sin embargo, un nivel mínimo de desempleo es aceptable aún para el calificativo de pleno empleo, pues existe un tiempo de “búsqueda” para los que son separados de un empleo y buscan otro, o los que recién ingresan al mercado laboral y están buscando un trabajo. Esto es conocido como el “desempleo friccional”, y tradicionalmente no supera el 2-3%.
    Pues bien, la pregunta que surge a partir de lo presentado es la siguiente: ¿Cómo estos expertos economistas pueden considerar una tasa de 6,2% (184.400 personas) como una situación de pleno empleo? ¿Es que acaso no conocen la definición? Dado que es poco probable que estos economistas no conozcan la definición del pleno empleo, lo que queda por deducir es que, lo que sucede en realidad, es que estos economistas han distorsionado deliberadamente la teoría, haciendo caso omiso de historia universal de la ciencia económica. Un nivel de 6,2% está lejos de representar una situación de pleno empleo, pues claramente este nivel de desocupación no corresponde sólo al llamado desempleo friccional. En las cifras actuales, efectivamente hay personas que buscan trabajo y que no pueden encontrarlo. Y más aun, pues no consideramos aquellos(as) que no han buscado trabajo activamente pues, literalmente se “aburrieron” de buscar y no encontrar, o simplemente saben que no podrán obtener uno (¿se considerará la delincuencia un empleo?).
     A lo que estos expertos económicos en realidad hacen referencia, es a la llamada NAIRU[3], o “tasa de desempleo que no acelera la inflación” (también llamada tasa natural de desempleo[4]). El nacimiento de esta construcción teórica debe buscarse en la escuela neoclásica (Friedman y compañía) y en la llamada síntesis neoclásica (también llamados neokeynesianos), como una tergiversación de los estudios realizados por A. W. Phillips (1958), economista que quiso demostrar una relación entre variación de los salarios nominales y la tasa de desempleo (no de la inflación y el desempleo). La idea detrás de la NAIRU, es que si un gobierno mantiene la convicción de una política orientada al mantener un verdadero pleno empleo, disminuyendo el desempleo por debajo de lo que determine la NAIRU (que en este caso sería de 6,2%), un aumento en la demanda que provocaría el mayor poder adquisitivo de la población (por haber más empleo), provocaría una inflación creciente (una mayor demanda implica aumento en los precios según las leyes de oferta y demanda), que distorsionaría los “precios de equilibrio” y mantendría a ciertos sectores productivos dependientes de una inflación cada vez mayor. Este argumento lo podemos encontrar en Hayek (1975)[5], pero ha sido un debate constante desde los tiempos de Keynes. El economista Michal Kalecki en su escrito The Political Aspects of Full Employment (1943) contra-argumenta este planteamiento, incorporando elementos políticos al análisis económico.
     No es la intención en esta oportunidad argumentar la falsedad de la llamada tasa natural de desempleo, como una abstracción teórica que justifica la imposibilidad e inconveniencia del pleno empleo, como lo argumenta Eisner (1995)[6]. Lo que queremos mostrar, es que en realidad el enfoque de los economistas de la Universidad de Chile está orientado a una NAIRU de 6,2%, y no a un pleno empleo de este nivel. Esta tasa natural de desempleo se justifica en los resultados de Restrepo (2007)[7], y en la verificación empírica de que, desde la restructuración económica neoliberal de la Dictadura (o régimen), las tasas de desempleo desestacionalizadas (es decir, sin considerar el ciclo económico anual) no han bajado de un mínimo de 5,7% mensual, registrado en mayo y junio del ’98 según el INE. Esto hace suponer a los economistas, la imposibilidad de una tasa inferior, atribuyéndole en consecuencia una equivocada definición de pleno empleo a este nivel.
   Cuando hemos visto en los últimos diez años, tasas de desempleo que varían entre el 2% y 4% en países escandinavos y europeos como Austria, Suiza o Dinamarca, es válido cuestionarse la posibilidad de que nuestra economía pueda alcanzar verdaderamente niveles de pleno empleo, más allá de lo que pueda decir una eventual NAIRU. Características de estos países son la propiedad social de los recursos naturales, elevadas tasas impositivas, elevados niveles de gasto público, amplio seguro de cesantía, y un fuerte Estado de Bienestar. Realidad lejana a la nuestra, más que por condiciones económicas, por imposiciones políticas. Claramente, estas conquistas en países europeos no han sido gratuitas, la sociedad en general, los movimientos sindicales, y la socialdemócrata han jugado papeles históricos importantes.
   Finalmente, parece curioso que hayan sido estos expertos económicos neokeynesianos -simpatizantes de los Gobiernos Concertacionistas- los que pretenden atribuirle a un modelo económico neoliberal características de los Estados de Bienestar, (y de las antiguas economías socialistas), siendo la Ministra del Trabajo ultraderechista, Evelyn Matthei, la encargada de salir al paso para restarle “optimismo” a este diagnóstico. Es grave cuando se distorsiona la teoría, la ciencia, y la historia económica, y es más grave aun cuando esta manipulación consciente la hacen los expertos económicos, para muchos considerados progresistas.

Felipe Correa
Estudios Nueva Economía

[2] Respecto a este tema ver la columna de Durán y Kremerman, de Fundación Sol, en http://www.fundacionsol.cl/%E2%80%9Cpleno-empleo%E2%80%9D-en-chile-o-como-meter-20-personas-dentro-de-un-fiat-600
[3] En inglés, Non-Accelerating Inflation Rate of Unemployment.
[4] Nótese la naturalización de un nivel de desempleo, como si el querer trabajar y no poder hacerlo fuera algo natural.
[5] Panflecto publicado bajo el título de “Full employment at Any Price?”
[6] “Our NAIRU Limit: The Governing Myth of Economic Policy”
[7] “Estimaciones de NAIRU para Chile”

*Publicado en Portal Epicentro

Financierización

     A partir de los años setenta la economía mundial entró en un proceso de crisis estructural que se vio reflejado en el estancamiento de la producción, de la inversión, incremento del desempleo y aumento de la inflación,  lo que de alguna forma estimuló la desorganización de los mercados de materias primas estimulando la posición privilegiada de corporaciones trasnacionales, las nuevas formas financieras especulativas y la liberación de movimientos financieros. Con esta crisis se quebró un modelo de acumulación que durante los años cincuenta y sesenta había tenido un crecimiento alto y relativamente estable: en las economías desarrolladas se pasó de un capitalismo regulado por el Estado - que velaba por un Estado de Bien estar-  a un capitalismo muchísimo mas desregulado donde el Estado empezó a jugar el rol de subsidiario. Esta transformación cualitativa del sistema se produjo por una serie de medidas llamadas “política de ajuste”, que buscaban recuperar el espacio de ganancia perdido. Algunos de estos ajustes fueron:
  • La privatización de muchos servicios ofrecidos por el Estado hasta entonces.
  • Poca regulación activa del Estado en el plano macroeconómico.
  • Reducción del gasto social.
  • Reducción de impuestos a negocios y riqueza individual.
  • Desplazamiento de empleos fijos a temporales (precarización del empleo).
  • El ataque de grandes empresas y Estados a sindicatos.
  • Desregulación del comercio y de las finanzas tanto a nivel nacional como internacional.
  •  Incentivo a la competencia desenfrenada y despiadada

     Con medidas de esta naturaleza empezó una nueva revuelta del capitalismo llamada neoliberalismo[1],  una especie de revolución al sistema fordista imperante durante la primera mitad del siglo XX. Esta nueva ideología tiene sus bases teóricas más claras en los escritos de F. Hayek y M. Friedman.
     Los resultados de estos ajustes y de la restructuración neoliberal, han llevado a grandes cambios en la economía mundial: ampliación de los mercados financieros, presencia significativa de países poco desarrollados, supremacía del dólar, proliferación de agentes , instrumentos  y operaciones financieras, y complejidad de estos, desregulación financiera, interrelación de mercados, incremento en la actividad no crediticia de los bancos comerciales, aumento en el poder de los accionistas en comparación con directivos y trabajadores, la reproducción de la incertidumbre y el crecimiento de la inestabilidad económica. Estas, y más consecuencias, se pueden agrupar en un concepto: la Financiarización económica, concepto que busca explicar la nueva relación entre el sistema financiero y el sistema productivo y, que expone también, cómo el sistema financiero ha pasado a dominar al sistema productivo.
     Tradicionalmente el sistema financiero ha cumplido la función de canalizar los recursos ahorrados de los agentes económicos con superávit,  hacia las empresas que quieren invertir y, hacia los hogares. Si bien este trabajo lo han sostenido en mayor medida los bancos, hoy en día –y cada vez con más fuerza- el sistema financiero es cada vez  más autónomo que antes, creando nuevas instituciones que lo mantienen así: fondos mutuos, mercado de bonos, mercado bursátiles (acciones), mercado de derivados, mercado de seguros entre otros. Este crecimiento cuantitativo también va de la mano con un cambio cualitativo, donde estas instituciones están jugando un papel importante en la toma de decisiones de las empresas productivas. De hecho,  las empresas también han cambiado su naturaleza a consecuencia de la financiarización, dado que los agentes invierten capital en busca de una revalorización en el mercado bursátil donde compran y vende acciones que otorgan derecho de propiedad sobre las empresas,  estas prácticas cortoplacistas han llegado al interior de las empresas para quedarse, es por ello que se preocupan  más sobre la creación de “valor” bursátil - por las presiones de los accionistas- que de las estrategias productivas de mediano y largo plazo, lo que implica que las empresas que se transan en la bolsa han quedado al dominio del sistema financiero.
     La financiarización ha tenido repercusiones importantes en el ámbito empresarial y en la economía global:
  1. Imposición de un referente de rentabilidad por la presión de la competencia.
  2. Sobrevaloración de las acciones como intento de crear “valor” empresarial por encima de cualquier otro objetivo de la empresa.
  3. Centralización del capital (familias más ricas).
  4. Cambio en las estrategias productivas por presión de accionistas.
  5. Creó un volumen de fondos tan alto que sobrepasan las oportunidades de inversión real.
  6. Aumento del riesgo, incertidumbre (en complicidad con las agencias calificadoras de riesgo) y crisis económicas cíclicas provocadas por el sistema financiero: Los 80´, Savings and loans, los 90´, crisis puntocom y año 2000: crisis hipotecas subprime.
     Toda esta nueva restructuración del sistema, que ha llevado al  neoliberalismo, nunca atacó la raíz del problema: los salarios estancados. Con los bajos salarios que existían era imposible que la acumulación y consumo capitalista pudieran  mantener la expansión que se quería llevar a cabo. La única posibilidad para seguir con la expansión era que un grupo de la sociedad gastara más de lo que le ingresaba, vale decir, incrementar el endeudamiento. En cada expansión neoliberal el endeudamiento ha crecido más y más, el sistema solo puede subsistir con un endeudamiento ilimitado. Esto se puede ver empíricamente con la necesidad de burbujas financieras, que la deuda se paga con más deuda, como  los “salvatajes” que  han venido realizando por las nuevas crisis que se avecinan.
     La llegada de este tipo de crisis, producidas por un sistema financiero desregulado, reveló que se trata de crisis sistémicas de una forma particular del capitalismo, el capitalismo neoliberal. No tienen que ser vistas estas crisis como un fenómeno aislado o coyuntural, sino como parte de un largo desarrollo que ha llevado el capitalismo que se ha consolidado gracias a las políticas económicas y monetarias llevadas a cabo por los distintos gobiernos y bancos centrales. Haciendo una analogía a una frase de Marx: la plusvalía es “revolucionaria”, el sistema también.

Francisco Gómez

Estudios Nueva Economía


[1] Chile fue de los primeros países en donde se instauro el modelo y el único donde se pudo aplicar  a cabalidad   por la dictadura de Pinochet y el asesoramiento de los “Chicago Boys”.

*Publicado en Portal Epicentro