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4 de septiembre de 2014

El Paso que el gobierno no quiere dar: Fin a la selección para la Elite

La evidencia sobre los nefastos efectos en la educación que tiene la selección de estudiantes a nivel escolar es amplia: la selección potencia inequívocamente mayores niveles de homogeneidad socioeconómica y académica en sus aulas (Carrasco et al, 2014); segmenta el sistema escolar (Contreras et al, 2010) y restringe las posibilidades de interacción e integración entre distintas realidades, lo que impide un pleno desarrollo tanto en el ámbito cognitivo, como en el de valores democráticos de generosidad, respeto e igualdad (Rao, 2013). Por si esto fuera poco, el nivel de segregación socioeconómica en el sistema escolar, además de ser alto, ha aumentado en el tiempo (Bellei, De los Ríos y Valenzuela, 2010; Bellei, 2013). En pocas palabras, y superando esa noción básica de calidad atribuida meramente al puntaje SIMCE, la selección es un atentado directo a la calidad de la educación en tanto dificulta la formación integral de los miembros de la sociedad.

Si el objetivo de la reforma educacional era transformar la educación desde un bien de consumo a un derecho social, las actuales condiciones del proyecto de Ley sobre el “fin a la selección” distan todavía de lograrlo. Esto no sólo porque a los Liceos emblemáticos se les permita mantener instrumentos de selección –que incluso también podrían utilizar los “emblemáticos” particulares subvencionados según trascendió hace algunos días- sino porque las condiciones de acceso a la educación que debiesen ser aplicables a todos por igual, siguiendo la definición de derecho social de Fernando Atria, no se aplicarán al segmento de colegios que casi por definición utiliza los más restrictivos instrumentos de selección: los colegios particulares pagados.

Y es que pese a que los colegios particulares pagados representan solamente alrededor del 7% de la matrícula, su importancia  es fundamental pues en ella se educa la elite político-económica que  en buena medida decide los destinos del país (basta recordar el acuerdo tributario en la “cocina” de Fontaine). De esta manera, la actual propuesta que pone fin a la selección termina validando uno de los mecanismos que utilizan los sectores acomodados de la sociedad para continuar reproduciendo su riqueza y poder al seguir permitiendo que ellos eduquen a sus hijos e hijas en instituciones concebidas para perpetuar su privilegiada realidad.

Lo anterior no es un argumento sobreideologizado de la izquierda. Los datos empíricos avalan la tesis anteriormente expuesta. James Robinson, profesor de Harvard y coautor del célebre libro “¿Por qué fracasan las naciones?”, en una presentación que realizó en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile el año pasado, presentó un panorama desolador: el 86% del gabinete del entonces presidente Sebastián Piñera había estudiado en colegios particulares y más de la mitad de ellos provenía de los colegios Tabancura, Sagrados Corazones de Manquehue, Verbo Divino o San Ignacio. En el ámbito empresarial, para ese mismo año, la tendencia era prácticamente la misma. Pero todo podía ser peor aún. Si nos íbamos más de 50 años atrás, al gobierno de Jorge Alessandri, el 81% de sus ministros había estudiado en colegios particulares pagados, de los cuales la mitad había estudiado en tres de los mismos colegios nombrados anteriormente (el colegio Tabancura no existía). ¿Coincidencia? Más bien parece una regularidad. Todo lo sentenció Robinson con una frase bien dura: “los colegios de elite son instituciones informales que controlan el acceso y el ejercicio del poder político”.

Sin duda hay mucha más evidencia. Un artículo de agosto del año pasado señalaba que la mayor parte de los miembros del Comando Presidencial de Michelle Bachelet también tenía a sus hijos en colegios particulares pagados, que por cierto, eran bastante caros. Pero más allá de enumerar una larga lista de casos, esperamos haber dejado claro la importancia que tiene considerar a la educación particular pagada en la reforma educacional, sobre todo en relación al ejercicio del poder que ejercen las élites de nuestro país.


Finalmente, es importante acotar que en ningún caso se propone terminar con la existencia de proyectos educativos de las más diversas índoles. Simplemente planteamos que la no inclusión de los colegios particulares pagados no es una mera casualidad, sino se debe a la importancia que ellos tienen para la reproducción de la elite político-económica del país. Si se busca que la educación sea un Derecho Social, se debe generar un sistema educacional realmente inclusivo, en donde se respeten e interactúen todas las realidades que coexisten en nuestro país; y lamentablemente este debate aún no se ha dado con seriedad.


Simón Ballesteros, Felipe Gajardo y Rosa Riquelme
Miembros de Estudios Nueva Economía

15 de junio de 2014

Nueva constitución ¿Nueva economía?: Cuatro modelos del rol del Estado en la Economía

Por primera vez en la historia contemporánea de nuestro país se ha abierto el debate sobre una nueva constitución. Si bien no existe acuerdo aún respecto al método sobre el cual se refrendará y se integrarán los elementos fundamentales en ella, esto no quita de lado la necesidad de discutir sobre el contenido de nuestra futura carta magna. Así, se abre una oportunidad para discutir sobre el rol que cumplirá el Estado en la economía.
De esta forma, se abre la opción entre mantener el statu quo o reforma estructural sobre qué hace o no hace el Estado en materia económica. Cada posición posee dentro de sí misma dos visiones: una visión <<positiva>> y una visión <<normativa>>. La primera señalará que el statu quo o el cambio se explican porque la economía está regida por leyes objetivas: estas leyes señalan que un rol subsidiario del Estado y una economía libre traerán prosperidad al sistema político o, por el contrario, un rol interventor del Estado en la economía sumado a una economía menos libre generarán un efecto similar. Por su parte, los normativos plantearán que el statu quo o el cambio son producto de la necesidad de preservar o modificar la relación que existe entre igualdad y desigualdad en una economía. Rol redistributivo del Estado por un lado, y justicia distributiva por el otro aparecen como consecuencia de dos visiones normativas, una a favor del statu quo y la otra a favor de una reforma estructural.
Del debate inicial entre statu quo y reforma estructural surgen cuatro posibles alternativas sobre qué rol deberá cumplir el Estado en la economía, y cómo definiremos a la economía en sí misma. El rol que puede cumplir el Estado puede ser de un Estado redistributivo por focalización de recursos (subsidiario) o de justicia distributiva (equitativo o de justicia social), y la economía se puede definir en base a los grados de libertad (capacidad que poseen los agentes económicos y la sociedad civil de hacerse cargo de la producción) que esta posea: amplia o restringida.
El primer modelo, de Estado redistributivo y economía libre, representa el statu quo actual. El Estado no interviene sino en situaciones de crisis o donde ha existido una violación a la ley, y la economía está altamente liberada para que los agentes económicos se hagan cargo de la producción. El segundo modelo, con un Estado de visión de justicia distributiva y economía libre pero con amplia participación también de la sociedad civil en la producción es la reforma estructural que los movimientos sociales proponen para nuestro país. El tercer modelo, con un Estado de justicia distributiva pero con una economía restringida es el modelo desarrollado por los nuevos socialismos a nivel mundial. Finalmente, está el modelo con un Estado redistributivo y una economía restringida, característico de los Estados fallidos. La discusión se centra así sobre cuál modelo optar y sus efectos sobre el sistema político chileno. Analizaremos dos de estos modelos y sus implicancias en la problemática actual.

17 de abril de 2014

Financierización

     A partir de los años setenta la economía mundial entró en un proceso de crisis estructural que se vio reflejado en el estancamiento de la producción, de la inversión, incremento del desempleo y aumento de la inflación,  lo que de alguna forma estimuló la desorganización de los mercados de materias primas estimulando la posición privilegiada de corporaciones trasnacionales, las nuevas formas financieras especulativas y la liberación de movimientos financieros. Con esta crisis se quebró un modelo de acumulación que durante los años cincuenta y sesenta había tenido un crecimiento alto y relativamente estable: en las economías desarrolladas se pasó de un capitalismo regulado por el Estado - que velaba por un Estado de Bien estar-  a un capitalismo muchísimo mas desregulado donde el Estado empezó a jugar el rol de subsidiario. Esta transformación cualitativa del sistema se produjo por una serie de medidas llamadas “política de ajuste”, que buscaban recuperar el espacio de ganancia perdido. Algunos de estos ajustes fueron:
  • La privatización de muchos servicios ofrecidos por el Estado hasta entonces.
  • Poca regulación activa del Estado en el plano macroeconómico.
  • Reducción del gasto social.
  • Reducción de impuestos a negocios y riqueza individual.
  • Desplazamiento de empleos fijos a temporales (precarización del empleo).
  • El ataque de grandes empresas y Estados a sindicatos.
  • Desregulación del comercio y de las finanzas tanto a nivel nacional como internacional.
  •  Incentivo a la competencia desenfrenada y despiadada

     Con medidas de esta naturaleza empezó una nueva revuelta del capitalismo llamada neoliberalismo[1],  una especie de revolución al sistema fordista imperante durante la primera mitad del siglo XX. Esta nueva ideología tiene sus bases teóricas más claras en los escritos de F. Hayek y M. Friedman.
     Los resultados de estos ajustes y de la restructuración neoliberal, han llevado a grandes cambios en la economía mundial: ampliación de los mercados financieros, presencia significativa de países poco desarrollados, supremacía del dólar, proliferación de agentes , instrumentos  y operaciones financieras, y complejidad de estos, desregulación financiera, interrelación de mercados, incremento en la actividad no crediticia de los bancos comerciales, aumento en el poder de los accionistas en comparación con directivos y trabajadores, la reproducción de la incertidumbre y el crecimiento de la inestabilidad económica. Estas, y más consecuencias, se pueden agrupar en un concepto: la Financiarización económica, concepto que busca explicar la nueva relación entre el sistema financiero y el sistema productivo y, que expone también, cómo el sistema financiero ha pasado a dominar al sistema productivo.
     Tradicionalmente el sistema financiero ha cumplido la función de canalizar los recursos ahorrados de los agentes económicos con superávit,  hacia las empresas que quieren invertir y, hacia los hogares. Si bien este trabajo lo han sostenido en mayor medida los bancos, hoy en día –y cada vez con más fuerza- el sistema financiero es cada vez  más autónomo que antes, creando nuevas instituciones que lo mantienen así: fondos mutuos, mercado de bonos, mercado bursátiles (acciones), mercado de derivados, mercado de seguros entre otros. Este crecimiento cuantitativo también va de la mano con un cambio cualitativo, donde estas instituciones están jugando un papel importante en la toma de decisiones de las empresas productivas. De hecho,  las empresas también han cambiado su naturaleza a consecuencia de la financiarización, dado que los agentes invierten capital en busca de una revalorización en el mercado bursátil donde compran y vende acciones que otorgan derecho de propiedad sobre las empresas,  estas prácticas cortoplacistas han llegado al interior de las empresas para quedarse, es por ello que se preocupan  más sobre la creación de “valor” bursátil - por las presiones de los accionistas- que de las estrategias productivas de mediano y largo plazo, lo que implica que las empresas que se transan en la bolsa han quedado al dominio del sistema financiero.
     La financiarización ha tenido repercusiones importantes en el ámbito empresarial y en la economía global:
  1. Imposición de un referente de rentabilidad por la presión de la competencia.
  2. Sobrevaloración de las acciones como intento de crear “valor” empresarial por encima de cualquier otro objetivo de la empresa.
  3. Centralización del capital (familias más ricas).
  4. Cambio en las estrategias productivas por presión de accionistas.
  5. Creó un volumen de fondos tan alto que sobrepasan las oportunidades de inversión real.
  6. Aumento del riesgo, incertidumbre (en complicidad con las agencias calificadoras de riesgo) y crisis económicas cíclicas provocadas por el sistema financiero: Los 80´, Savings and loans, los 90´, crisis puntocom y año 2000: crisis hipotecas subprime.
     Toda esta nueva restructuración del sistema, que ha llevado al  neoliberalismo, nunca atacó la raíz del problema: los salarios estancados. Con los bajos salarios que existían era imposible que la acumulación y consumo capitalista pudieran  mantener la expansión que se quería llevar a cabo. La única posibilidad para seguir con la expansión era que un grupo de la sociedad gastara más de lo que le ingresaba, vale decir, incrementar el endeudamiento. En cada expansión neoliberal el endeudamiento ha crecido más y más, el sistema solo puede subsistir con un endeudamiento ilimitado. Esto se puede ver empíricamente con la necesidad de burbujas financieras, que la deuda se paga con más deuda, como  los “salvatajes” que  han venido realizando por las nuevas crisis que se avecinan.
     La llegada de este tipo de crisis, producidas por un sistema financiero desregulado, reveló que se trata de crisis sistémicas de una forma particular del capitalismo, el capitalismo neoliberal. No tienen que ser vistas estas crisis como un fenómeno aislado o coyuntural, sino como parte de un largo desarrollo que ha llevado el capitalismo que se ha consolidado gracias a las políticas económicas y monetarias llevadas a cabo por los distintos gobiernos y bancos centrales. Haciendo una analogía a una frase de Marx: la plusvalía es “revolucionaria”, el sistema también.

Francisco Gómez

Estudios Nueva Economía


[1] Chile fue de los primeros países en donde se instauro el modelo y el único donde se pudo aplicar  a cabalidad   por la dictadura de Pinochet y el asesoramiento de los “Chicago Boys”.

*Publicado en Portal Epicentro