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17 de noviembre de 2014
1 de noviembre de 2014
A propósito de la marcha de la CONFEPA: ¡No es lo mismo el lucro que un sueldo!
“Si el lucro es el sueldo de una persona, entonces de acuerdo con el lucro. Yo soy profesora y me pagan y si eso es lucrar, es mi sueldo. Pero si el lucro es aprovecharse, no estoy de acuerdo.”
“El lucro es obtener beneficio económico a cambio de una acción. Eso es lucro. Cuando un profesor hace clases, lucra por ello. Cuando yo vendo pan, y obtengo algo por ello, eso es lucro. Es lo mismo que un sueldo, es exactamente lo mismo.”
“-¿Usted cree que la educación pueda ser un negocio? –No es un negocio, pero quiero que los niños puedan elegir donde estudiar. -¿Y eso depende con que haya lucro? –A veces no es lucro, es solamente la retribución al trabajo. –¿O sea un sueldo? – Claro.”
Manifestantes asistentes a marcha contra la reforma educacional, Santiago de Chile, 25 de octubre de 2014.
Comúnmente se entiende el lucro en la educación como la retribución o ganancia que tiene el dueño de una institución. Esto se justifica normalmente en la compensación que se le debe hacer a un inversionista por el riesgo en que debe incurrir al depositar su capital en una empresa, además de la postergación de la utilidad que le produciría consumir ese mismo dinero en el instante.
Dentro de la teoría económica vulgar, el lucro también podría estar asociado a la retribución que debe recibir el proveer de capacidad de organización a una empresa. Sin embargo, estas visiones son equivocadas. El riesgo y la abstinencia del consumo, en el mejor de los casos pueden ser motivo de compensación, pero en ningún caso crean valor. En el caso de la capacidad de administración, los dueños ya no son necesariamente los que gestionan los negocios, como sí lo era hace muchas décadas atrás. La separación entre la propiedad y la administración de las empresas es una particularidad de la economía capitalista moderna.
Lo cierto es que el lucro en sí es la retribución del “factor capital”, lo que debe recibir el capitalista por depositar sus recursos supuestamente escasos (por lo menos en un país no desarrollado) en una empresa, como podría ser un colegio o una universidad hoy en día.
Pero, ¿Qué significa realmente una retribución al capital?
El lucro en la economía política
Para entender de forma correcta y sintética el concepto del lucro, es bueno remitirse a lo que Karl Marx denomina los procesos de intercambio M-D-M’ y D-M-D’. Previo al capitalismo, las personas intercambiaban mercancías (M) entre ellas, siendo el dinero (D) el instrumento utilizado para comparar el valor de la mercancía que entregaban, con la de la mercancía que recibían en el intercambio. Es por esto que se denomina M-D-M’ al proceso en que una persona entrega una mercancía M, recibiendo como contraparte un dinero D, para con este dinero comprar una mercancía M’, cualitativamente distinta a la mercancía inicial M, pero cuantitativamente equivalente (por tener el mismo valor). La intencionalidad en este tipo de intercambio es la satisfacción de las necesidades propias. Yo tengo un traje de vestir, pero quiero comida. Ambos tienen el mismo valor (iguales cuantitativamente), pero la ropa y la comida tienen características distintas (diferentes cualitativamente).
El intercambio D-M-D’ es diametralmente opuesto al intercambio M-D-M’ antes visto. Acá existe un dinero primario D, el cual se entrega para obtener una mercancía concreta M. A continuación, esta mercancía M se vende para obtener un dinero D’. A diferencia del intercambio M-D-M’, esta vez el inicio y el final del intercambio (D y D’ respectivamente) son cualitativamente iguales ya que el dinero como expresión de valor posee las mismas propiedades en ambos casos, pero son cuantitativamente distintas. La lógica de este intercambio es comprar mercancías para obtener un valor extra, un plusvalor, por esto es que podemos definir a D’ como mayor a D. Acá la intencionalidad del intercambio no es satisfacer las necesidades propias, como lo era en un primer momento, sino obtener una ganancia. Es decir, la intencionalidad de este tipo de intercambio es la acumulación.
Este tipo de intercambio es característico del capitalismo, y no se encuentra presente en formas históricas previas. La diferencia entonces entre D’ y D se denomina lucro, y su origen se encuentra en la explotación capitalista: el trabajador recibe un salario igual al valor de su fuerza de trabajo que vale menos que el valor real de su trabajo. Para simplificar, si suponemos que la única mercancía es la fuerza de trabajo, el capitalista puede contratar mano de obra (mercancía M) a un precio D (salario), y venderlo a un valor D+P (valor nuevo agregado por el trabajo), que es mayor a lo pagado por la fuerza de trabajo (V). El diferencial entre el valor de la fuerza de trabajo (V) y el valor del trabajo (V+P) es lo que Marx denomina plusvalía (P), base de la ganancia capitalista, es decir, la “retribución al capital”, o lucro.
El lucro en la educación
El lucro es parte medular del sistema educacional chileno, a varios niveles y en diferentes formas.
Se encuentra en la educación superior, aunque la actual ley no permita el lucro en las universidades. Las ganancias o retribuciones al capital son obtenidas por los propietarios mediante triangulaciones con empresas inmobiliarias de su misma propiedad (por ejemplo, una universidad arrienda o compra a una inmobiliaria las instalaciones e infraestructura por un precio evidentemente superior al de mercado, así los dueños obtienen las ganancias por una vía alternativa o a través de una tercera institución, en este caso inmobiliaria). La eventual Superintendencia de Educación debiera preocuparse de que esto no ocurra, aunque mientras existan universidades-empresa que se transen por millones de pesos en la bolsa de valores, persistirá la duda de la motivación detrás de estas transacciones, adquisiciones y permanencias. Por otro lado, los institutos profesionales y centros de formación técnica no están sujetos a este dictamen de prohibición del lucro, por lo que no necesitan ocultar ganancias como gastos, como sí lo hacen las universidades que lucran.
En el caso de la educación superior una forma de lucro poco mencionada, pero no menos importante y mucho más caudalosa (y escandalosa), es el financiamiento estudiantil. Se puede mencionar el Crédito con Aval del Estado (CAE) manejado por los bancos, y que se mantiene con una cuantiosa partida en el Presupuesto Fiscal del año 2015. En esta forma, son los dueños de los bancos los mayores beneficiados de los recursos provenientes del Estado y de las familias. En este caso, el lucro viene dado por la renta obtenida de la propiedad de un patrimonio dinerario; la ganancia derivada del cobro de la tasa de interés.
Un último pero más complejo ámbito a analizar, es la función o fin de la universidad, y los métodos de financiamiento de esta. Una universidad orientada hacia las grandes empresas origina un conocimiento de apropiación privada y no social, que es útil solamente para ciertas empresas (patentes, marketing, estudios de mercado, etc.). Al contrario, una investigación financiada y a cargo del Estado no está sujeta a las lógicas mercantiles de apropiación privada y acumulación (claro, un Estado que se proponga la creación y difusión del conocimiento entendido como bien público), produciendo también un bien para toda la sociedad en forma de conocimiento.
En el sistema escolar, los establecimientos se dividen en municipales, particulares subvencionado y particulares pagados. Los establecimientos municipales no pueden lucrar directamente, aunque es sabido que de todas formas existen contratos ente los sostenedores municipales y las famosas Agencias de Asistencia Técnica Educativa (ATE), produciéndose muchas veces conflictos de interés y negocios irregulares. Si esta forma de lucro se termina o no, dependerá de lo que salga del proyecto de ley que actualmente se tramita en el Senado.
Por su parte, los establecimientos particulares pagados pueden lucrar libremente, sin barreras y quedando este tipo de establecimientos fuera de los proyectos de ley que impulsa el gobierno en materia educativa.
Finalmente, los colegios particulares subvencionados –foco principal de la marcha convocada el 25 de octubre contra la reforma educacional- pueden funcionar con fines de lucro, o sin fines de lucro. La mayoría de los colegios sin fines de lucro pertenecen a congregaciones religiosas, y permanecen en el sistema educacional por “vocación”. Por otro lado, los colegios particulares subvencionados con fines de lucro sí pueden retirar utilidades. En este caso existen dos formas en que el sostenedor de un colegio particular subvencionado obtiene beneficios. El primero es la “retribución al trabajo”, legalmente permitida aun en los colegios sin fines de lucro, y que corresponde al sueldo o remuneración del sostenedor por su trabajo de gestión en el sistema educacional. El segundo es la “retribución al capital”, el cual se busca prohibir con el proyecto de ley que actualmente se tramita en el Senado.
De esta forma y desde la economía política marxiana, la “retribución al trabajo” que recibe el sostenedor y que continúa siendo legal, obedece a un proceso M-D-M’, donde el sostenedor entrega su trabajo de gestión educacional, recibe un pago correspondiente a su trabajo (que puede ser de 2 o 3 millones de pesos), y con ese dinero concurre al mercado para satisfacer sus necesidades de vida.
Distinta es la “retribución al capital”, comúnmente llamado lucro o ganancia y que busca ser erradicado en los colegios particulares subvencionados, el cual responde a un proceso D-M-D’. En este caso, el sostenedor invierte cierto capital en el negocio educacional (D) para contratar profesores, infraestructura y su misma gestión como sostenedor (M) y recibe por estos servicios una subvención del Estado y en muchas ocasiones un copago de las familias (D´). Una vez pagadas las remuneraciones de los profesores, el alquiler del inmueble donde funciona el colegio, su gestión como sostenedor, y todos los otros gastos de funcionamiento del colegio (D), el sostenedor queda con un excedente, ganancia, o lucro (D’-D=Lucro). Esto es lo que se busca prohibir, no la retribución al trabajo del sostenedor o de cualquier persona.
Los capitalistas del mercado de la educación, los dueños de los colegios que lucran con la educación, han llevado adelante una no despreciable campaña de confusión en los apoderados y profesores de esos colegios. Se les ha dicho que la retribución al trabajo es lo mismo que la retribución al capital, tratando de equiparar así dos clases sociales distintas, que descansas en dos formas de propiedad distintas: los que son propietarios de su propia fuerza de trabajo, y los que son propietarios de la fuerza de trabajo de los demás (capital); y en dos tipos de motivación distintas: la satisfacción de necesidades de vida (objetivo de los que trabajan) y la acumulación (objetivos de los que lucran).
Todos los esfuerzos para rectificar estos conceptos son válidos, y ninguno es en vano. Ninguna charla a un grupo de estudiantes es en vano, ninguna investigación económica que indague en los efectos del lucro sobre el bienestar social es despreciable.
Todos los esfuerzos para rectificar estos conceptos son válidos, y ninguno es en vano. Ninguna charla a un grupo de estudiantes es en vano, ninguna investigación económica que indague en los efectos del lucro sobre el bienestar social es despreciable.
La importancia de estas reformas que ponen trabas al lucro en distintos sectores como la educación, la salud, las pensiones o la minería, no tienen tanto su mérito en impedir que el capital se siga reproduciendo. Pues, si el capital ve coartada su “libertad” en la educación, buscará otros negocios que le sigan reportando ganancias, dentro o fuera de Chile. Sin embargo, lo trascendental de este tipo de reformas es el cambio de mentalidad que produce en las personas adscritas a un sistema educacional sin lucro, y que no funciona como un mercado cualquiera, de calidad y dirigido hacia el desarrollo de los niños y jóvenes.
Con personas que creen que el lucro, la competencia y el individualismo son los motores del desarrollo, no se puede construir una sociedad distinta, solidaria y de pleno desarrollo del potencial humano. Apoderados que no tienen a sus hijos en colegios que lucran, no tienen la necesidad de defender el lucro en la educación. Y la falsa consciencia sobre el lucro se va evaporando, dando paso a la consciencia de la nueva sociedad, sobre el trabajo propio y colectivo, y no ajeno. El trabajo para satisfacer necesidades personales y sociales (proceso M-D-M’) y no para acumular más y más a costa de los demás (proceso D-M-D´).
Con personas que creen que el lucro, la competencia y el individualismo son los motores del desarrollo, no se puede construir una sociedad distinta, solidaria y de pleno desarrollo del potencial humano. Apoderados que no tienen a sus hijos en colegios que lucran, no tienen la necesidad de defender el lucro en la educación. Y la falsa consciencia sobre el lucro se va evaporando, dando paso a la consciencia de la nueva sociedad, sobre el trabajo propio y colectivo, y no ajeno. El trabajo para satisfacer necesidades personales y sociales (proceso M-D-M’) y no para acumular más y más a costa de los demás (proceso D-M-D´).
Felipe Correa
Miembro de ENE
8 de octubre de 2014
Sobre “Cosas Estúpidas”, columna aparecida en El Mostrador
Hace unos
minutos me encontré con una columna titulada “Cosas estúpidas” publicado en El Mostrador. Al respecto, creo que es necesario reflexionar y no dejar pasar
ciertas “verdades” que el autor considera en su argumentación.
"En palabras de Smith, en un mercado competitivo
las personas que persiguen sus propios y a veces mezquinos intereses son
tomados como por una mano invisible y llevados a beneficiar el interés de la
sociedad. Lo anterior, a pesar de que no tengan el más mínimo interés de
hacerlo."
Cierto, bajo
determinadas circunstancias. Por ejemplo, John Nash Jr. en el 50 demostró que
Smith estaba equivocado en innumerables situaciones, pues no consideraba la
interacción estratégica que poseen los agentes,
lo que daría pie a la teoría de juegos no-cooperativos y su introducción
en la economía que posteriormente le siguió. El punto clave aquí, es que la
mano invisible funcionaría solo si los mercados fuesen “perfectos” i.e. bienes
homogéneos, perfecta y completa información, mercados atomizados de agentes,
entre otros. La realidad, lamentablemente, dista mucho de este escenario
idílico.
"Hace mucho que la economía zanjó la
cuestión respecto de quién debe producir y de cuánto producir. ¿Debe ser una
institución sin fines de lucro? La respuesta es un no rotundo. Ni el
desinterés, ni la solidaridad, ni la bondad, en caso de que estas
organizaciones tuvieran genuinamente esos intereses, son capaces de indicarnos
qué y cuánto debe producir una empresa."
Falso. Es cierto
que fue zanjado, pero, lo que no suele decirse es que fue bajo los supuestos de
una economía perfectamente competitiva. Si estamos en una economía
perfectamente competitiva, entonces el autor está en lo correcto: la búsqueda
del beneficio personal debiese llevar al óptimo social. Sin embargo, habría que
ser ciego para creer que el "mercado" de la educación es un mercado
perfectamente competitivo. Utilizar el instrumental económico de competencia
perfecta para analizarlo y argumentar sobre él, es por lo tanto un error.
"El crimen cometido es muy grave: ellos gestionan mejor
sus colegios que los manejados por el Estado. Son mejores, tienen más calidad.
Peor aún, los padres chilenos los prefieren a los estatales. Para la burocracia
estatal de turno es muy difícil aceptar estas verdades."
El punto
de comparación es sencillamente ridículo. En general, cualquier colegio sería
mejor administrado que como se estaban administrando, en promedio, los colegios
públicos por las municipalidades. Bajo su mismo argumento, las municipalidades
tienen miles de preocupaciones más que un sostenedor del colegio, hombre de
clase media como él autor lo describe, cuyo único fin es administrar el
colegio. Aun así, ¿tiene mejor calidad un colegio subvencionado que uno público
(municipal)? Hasta donde yo tengo entendido, no existe evidencia alguna que
diga que un colegio subvencionado sea mejor, en promedio, que uno municipal.
Esto es, ajustando por el hecho que los colegios subvencionados tienden a
seleccionar a los alumnos, y entonces, discernir el impacto que tiene el colegio
sobre el rendimiento de estos está demasiado sesgado por las capacidades que
los alumnos poseen con anterioridad. El problema no es un tema de lucro o no, el
problema es que el Estado abandonó los colegios de los cuáles debió preocuparse
deliberadamente, entregándoselos a las municipalidades. En términos económicos,
el estado nunca compitió y, por tanto, en este terreno, cualquier opción para
los padres era mejor que el colegio público. Los colegios públicos eran muy
malos, no era que los colegios subvencionados fueran extremadamente buenos.
Para
terminar esta breve nota, hay dos temas de la columna que me parecen preocupantes.
El primero tiene
que ver con la tergiversación de los argumentos económicos. La mayoría de los
economistas sabe, desde hace ya unas décadas, que todo lo que se diga o afirme
depende de los supuestos o el escenario que uno esté discutiendo. Parece en
cierto sentido irresponsable, siendo economista, argumentar sin darle un
contexto real a lo que se está analizando y extrapolar los análisis con tanta simpleza.
El segundo,
tiene que ver con la insistencia en utilizar el instrumental de competencia
perfecta para explicar el comportamiento de toda la sociedad, en circunstancias
inadecuadas. Los mercados de competencia perfecta no nos sirven para analizar
cada situación posible, como Keynes mostró hace más de 60 años.
Esperemos que
por el bien de la educación de las generaciones que vienen, se tenga más
cuidado al enfrentar los temas, sobre todo aquellos tan relevantes como la
educación o la salud, y no se caiga en una obsesión enfermiza de querer
explicar todo desde una única perspectiva.
Alvaro Silva
Estudiante
Magíster en Economía Aplicada, Universidad de Concepción
Colaborador de
ENE
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lucro
4 de septiembre de 2014
El Paso que el gobierno no quiere dar: Fin a la selección para la Elite
La evidencia sobre los nefastos efectos en la
educación que tiene la selección de estudiantes a nivel escolar es amplia: la
selección potencia inequívocamente mayores niveles de homogeneidad
socioeconómica y académica en sus aulas (Carrasco et al, 2014); segmenta el
sistema escolar (Contreras et al, 2010) y restringe las posibilidades de
interacción e integración entre distintas realidades, lo que impide un pleno
desarrollo tanto en el ámbito cognitivo, como en el de valores democráticos de
generosidad, respeto e igualdad (Rao, 2013). Por si esto fuera poco, el nivel
de segregación socioeconómica en el sistema escolar, además de ser alto, ha
aumentado en el tiempo (Bellei, De los Ríos y Valenzuela, 2010; Bellei, 2013).
En pocas palabras, y superando esa noción básica de calidad atribuida meramente
al puntaje SIMCE, la selección es un atentado directo a la calidad de la
educación en tanto dificulta la formación integral de los miembros de la
sociedad.
Si el objetivo de la reforma educacional era
transformar la educación desde un bien de consumo a un derecho social, las
actuales condiciones del proyecto de Ley sobre el “fin a la selección” distan
todavía de lograrlo. Esto no sólo porque a los Liceos emblemáticos se les
permita mantener instrumentos de selección –que incluso también podrían utilizar
los “emblemáticos” particulares subvencionados según trascendió hace algunos
días- sino porque las condiciones de acceso a la educación que debiesen ser
aplicables a todos por igual, siguiendo la definición de derecho social de
Fernando Atria, no se aplicarán al segmento de colegios que casi por definición
utiliza los más restrictivos instrumentos de selección: los colegios
particulares pagados.
Y es que pese a que los colegios particulares pagados
representan solamente alrededor del 7% de la matrícula, su importancia es
fundamental pues en ella se educa la elite político-económica que en
buena medida decide los destinos del país (basta recordar el acuerdo tributario
en la “cocina” de Fontaine). De esta manera, la actual propuesta que pone fin a
la selección termina validando uno de los mecanismos que utilizan los sectores
acomodados de la sociedad para continuar reproduciendo su riqueza y poder al
seguir permitiendo que ellos eduquen a sus hijos e hijas en instituciones
concebidas para perpetuar su privilegiada realidad.
Lo anterior no es un argumento sobreideologizado de la
izquierda. Los datos empíricos avalan la tesis anteriormente expuesta.
James Robinson, profesor de Harvard y coautor del célebre libro “¿Por
qué fracasan las naciones?”, en una presentación que realizó en la Facultad
de Economía y Negocios de la Universidad de Chile el año pasado, presentó un
panorama desolador: el 86% del gabinete del entonces presidente Sebastián
Piñera había estudiado en colegios particulares y más de la mitad de ellos
provenía de los colegios Tabancura, Sagrados Corazones de Manquehue, Verbo
Divino o San Ignacio. En el ámbito empresarial, para ese mismo año, la
tendencia era prácticamente la misma. Pero todo podía ser peor aún. Si nos
íbamos más de 50 años atrás, al gobierno de Jorge Alessandri, el 81% de sus
ministros había estudiado en colegios particulares pagados, de los cuales la
mitad había estudiado en tres de los mismos colegios nombrados anteriormente
(el colegio Tabancura no existía). ¿Coincidencia? Más bien parece una
regularidad. Todo lo sentenció Robinson con una frase bien dura: “los colegios
de elite son instituciones informales que controlan el acceso y el ejercicio
del poder político”.
Sin duda hay mucha más evidencia. Un artículo de
agosto del año pasado señalaba que la mayor parte de los miembros del Comando
Presidencial de Michelle Bachelet también tenía a sus hijos en colegios
particulares pagados, que por cierto, eran bastante caros. Pero más allá de enumerar una larga lista de casos, esperamos
haber dejado claro la importancia que tiene considerar a la educación
particular pagada en la reforma educacional, sobre todo en relación al
ejercicio del poder que ejercen las élites de nuestro país.
Finalmente,
es importante acotar que en ningún caso se propone terminar con la existencia
de proyectos educativos de las más diversas índoles. Simplemente
planteamos que la no inclusión de los colegios particulares pagados no es una
mera casualidad, sino se debe a la importancia que ellos tienen para la
reproducción de la elite político-económica del país. Si se busca que la
educación sea un Derecho Social, se debe generar un sistema educacional
realmente inclusivo, en donde se respeten e interactúen todas las realidades
que coexisten en nuestro país; y lamentablemente este debate aún no se ha dado
con seriedad.
Simón Ballesteros, Felipe Gajardo y Rosa Riquelme
Miembros de Estudios Nueva Economía
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8 de agosto de 2014
En relación al reportaje de Canal 13 sobre la gratuidad en la educación Argentina, basta de ideología pura y barata
No deja de ser cierto que la actual
coyuntura política chilena está con un nivel elevado de efervescencia,
precisamente por tocar temas que afectan a los dueños de este país. Por esto,
no es casual que se emitan reportajes de 6 minutos sobre la educación en
el país vecino ante un tema tan complejo, y lleno de compromiso político como
lo es la gratuidad en la educación.
-
Ante esto, y como estudiante chileno en Buenos Aires, me gustaría expresar algunas palabras con respecto al contenido tendencioso y poco explicativo de tal trabajo “periodístico”. Y es fácil, pues se entiende que la palabra gratuidad pueda asustar en un país cuyo modelo económico se basa en mantener a la gente endeudada, y cuyo resultado es la angustia de millones de chilenos.-
Lejos de instalar un debate serio, el camino fácil queda expuesto por
meras estadísticas de cuya metodología no sabemos nada, además de invitar a
“expertos”, “analistas” o “técnicos” de los cuáles, nuevamente, tampoco sabemos
nada. En nuestra sociedad chilena, la transmisión de ideología se sustenta en
usar lenguajes bonitos y construir discursos predeterminados que suenen bien
hasta en los lugares más recónditos. Somos el país que “crece”, el país
“serio”, el de “instituciones fuertes”, el de “buenas inversiones” y todo lo
demás. Ahora bien, ¿nos estamos dando de cuenta qué tipo de ideología está
implícita en esto? Básicamente, la neoliberal. Es la que tiene como idea el
disciplinarnos, el ser sujetos acríticos, dóciles y profundamente engañados.
Frases como “es lo mejor que pudimos hacer” son temerosas, por recordar tal
desilusionante vuelta a la democracia (cualquier parecido con el intento de
reforma tributaria, no es pura coincidencia).
-
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.Vamos a la nota: El reportaje estuvo centrado en un análisis comparativo
de nuestro país con el trasandino. Las comparaciones, desde ya, así
presentadas, no explican nada. El constante uso de porcentajes y palabras como
ineficiencia, sólo contribuyen a la confusión y la asimilación de un discurso
mediante su repetición. Si bien puede ser cierto que el tiempo que demoran los
estudiantes en titularse puede extenderse más que en Chile, no debemos
asustarnos si primero no miramos las dificultades que tiene Argentina, como
país en vías de desarrollo (con toda la limitación que tiene ser un país
“desarrollado”).
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¿Sabemos los chilenos que la crisis del 2001 en ese país conocido como
el corralito, dejó a más del 50% de la población en la línea de la pobreza?
Pienso que esa es la diferencia entre usar estadísticas al aire y apropiárselas
para ayudar a entender los resultados actuales. Lo primero se transforma en
ideología a conveniencia, en cambio lo segundo, apuesta a una crítica integral,
teniendo como ejes a la historia de dicho país y a su desarrollo político.
Decía el reportaje que el 30% de alumnos ricos se titulaba frente a un 12% de
alumnos pobres. Otra vez, ¿la nota responde a los problemas estructurales de la
economía argentina como para por lo menos entender que no es condición
necesaria ser pobre para titularse en una universidad pública? Enseguida, el
sistema también permite que la gran mayoría de los estudiantes trabajen y
estudien a la vez. Esto ya habla de que el funcionamiento es distinto. Decía
una de las “expertas”, que no era oportuno el tiempo en que se recibían los
estudiantes. Bien, ¿oportuno para quién? ¿Acaso en nuestras universidades no
existen estudiantes disconformes con sus contenidos, con los cambios de
carrera, con la reprobación de ramos, con problemas de salud (asociados muchas
veces al estrés y la sobrecarga que impone la universidad en Chile), con tener
que desertar la universidad por problemas familiares, etc? Peor aún, ¿es que
tal “experta” cree que no es costoso para el alumno tener que extender los años
de carrera por dichos problemas, como si fuera un juego de entretención
trabajar y estudiar a la vez (por dar un ejemplo)?
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Por último, aparece otro de estos “masters” señalando que la gratuidad,
dado el presupuesto que exige, conduce a inflaciones devastadores. Pero aquí
nuevamente nos metemos en un tema en que ni los propios economistas están de
acuerdo respecto a sus causas. Para no quedar mal con nadie, las teorías
terminan siendo una mezcolanza de ideas, pero para no desviarnos, entonces… ¿no
existen países con educación gratuita y baja inflación?
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Antes de finalizar, el motivo económico es uno de tantos que pueden
existir que hace que la sociedad argentina reciba a tantos estudiantes
extranjeros. No olvidemos, que también se juegan ahí los niveles de formación
académica. Si bien el capitalismo usa a la universidad como formadora de fuerza
de trabajo para su propia reproducción, muchos quienes pasamos al otro lado de
la Cordillera para estudiar, buscamos recibir una educación más integral que
utilice a todas las ciencias de hoy en día que contribuyan a completarnos (y no
parcializarnos) como seres humanos. A modo de ejemplo, en la carrera de
medicina de la Universidad de Buenos Aires, los estudiantes tienen una materia
cuyo nombre es “Introducción al Conocimiento de la Sociedad y el Estado”. ¿Cuántos
estudiantes de medicina en Chile podrían decir que tienen conocimiento de
conceptos básicos acerca de cómo funciona la sociedad y cómo se organiza?
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El tema de la educación gratuita es muy complejo incluso para quienes
luchamos por obtenerla. Nos invoca a estudiar los casos de forma seria, sin
olvidar que la discusión es política en sí mismo, y que por tanto nos exige
saber reconocer quienes son los defensores de lo actual y quiénes no. Estamos
ante un gobierno poco claro, cuyas reformas pueden volver a sepultar los
anhelos que nos tuvieron a los estudiantes chilenos los últimos años en la
prensa internacional como luchadores de una nueva educación y una nueva
sociedad. El llamado es a estar atentos a las maniobras ideológicas de los
defensores del actual sistema de segregación, quiénes en gran medida se han
servido históricamente de los favores de los medios de comunicación –como el
canal de los Luksic- y de las periodistas que se prestan para ello.
Tomás Calderón
Estudiante de 4to año, Lic. en Economía, FCE – UBA.
Colaborador de Estudios Nueva Eeconomía
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Nueva Mayoría
22 de julio de 2014
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